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2.12.11

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A veces, pienso que la vida me paga con malos ratos que no merezco. Siento que a mi corta edad, no cometí daños severos hacia nadie, aunque sí errores, pero no fueron rigurosos. Por momentos, esta soledad que elegí me agrada demasiado. Me gusta, porque tengo la tranquilidad de no estar lastimando a nadie, que es lo que considero fundamental. Pero por momentos, hiere bastante. Por un lado, pienso que fue mi decisión y eso suele tranquilizarme un poco, pero por el otro, duele no tener con quién compartir mis días, mi tiempo, mi vida. ¿Cuántas veces preferimos quedarnos solos por no intentar disfrutar de un amor no-planeado? Nos negamos al principio, pero siempre terminamos esperando lo que imaginamos como la felicidad absoluta, ¿No es así? Esperamos lo planeado, lo ‘perfecto’, cuando muchas veces tenemos oportunidades y amor desparramado por doquier, pero lo rechazamos todo, como nos rechazaron a nosotros. Parece una contradicción, es que, en parte, lo es, pero también refleja una realidad. Sufrimos el reemplazo de tal manera que deseamos que nadie más lo padezca y sin embargo, el amor nos traslada siempre al mismo lugar: a negarnos a otro que no sea el que buscamos… y es allí donde me puedes encontrar.


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